Este es uno de esos textos con trampa. Parecen fáciles de escribir, pero no lo son tanto. Si comparamos el gasto del circuito de Fórmula 1 con los recortes en educación, nos pueden llamar demagogos. Si decimos que el dinero usado en el lujo del gran circo de Ecclestone se podría invertir en sanidad para no tener que privatizar los hospitales, nos tildarían de oportunistas. Si denunciamos los contratos prorrogados por Camps hasta 2019 mientras estaba siendo procesado, dirán que es momento de mirar hacia el futuro. Si clamamos contra que las subidas de nuestros impuestos vayan a parar a manos privadas y extranjeras en beneficio de una minoría elitista, muchos alzarán su voz por la inversión en publicidad, la llegada de turistas y el dinero desembolsado en hostelería.
En definitiva, parece que en una comunidad que no puede pagar los medicamentos a los farmacéuticos, en una comunidad donde los alumnos han de ir con mantas al colegio en invierno, en una comunidad donde la mitad del recorte total lo asume la sanidad, en una comunidad que está intervenida de facto por el estado por su incapacidad de afrontar los pagos... En esta comunidad, digo, no se puede criticar la Fórmula 1, una cadena perpetua inasumible que nos legó Camps en sus estertores como presidente, porque alguien dirá que mezclar una cosa con otra es demagogo, oportunista, es estar anclado en el pasado y no ver las infinitas posibilidades económicas que ofrece el gran evento.
Las inversiones de este tipo, multimillonarias y de largo recorrido, pagadas con el dinero de todos, se han de realizar con el consenso de los grupos parlamentarios y con el cálculo y la transparencia total en gastos, inversiones y beneficio, para que vecinos y ciudadanos formen parte si lo desean o puedan negarse. El gran premio de Fórmula 1 de Valencia vive en constante secretismo, ocultando los informes y contratos, no ya para los ciudadanos sino también a los partidos de la oposición. Durante mucho tiempo hemos hecho dejación de responsabilidades en el control de nuestros gobiernos; ahora ya sabemos que no podemos confiar en ellos y usarán todo nuestro dinero en tomar ventajas políticas respecto a los contrincantes sin importarles el bien común. La Fórmula 1 es, sobre todo, publicidad política del PP pagada con nuestros impuestos.
Lo cierto es que hablar de los 100 millones de euros que costó acondicionar el circuito urbano (descartando el circuito de Cheste), más el canon anual de 26 millones de euros que se le paga a Ecclestone, más los 41 millones de euros que para saldar la deuda de la empresa gestora Valmor, más lo que paguemos por el tinglado de estas semanas, más las molestias de los vecinos del barrio de Natzaret y el Cabanyal, abandonados ante el lujo y el glamour obsceno de la F1 en estos tiempos que corren... puede ser demagogia, pero de lo que estamos seguros que no es barata.
+copy2.jpg)


























