Esta es una historia real. No está inspirada en hechos reales ni nada de eso; es absolutamente cierta.
Un equipo de Canal 9 se dirige a un barrio de la ciudad de Valencia. Los vecinos denuncian que varias familias han ocupado un edificio en ruinas y viven en condiciones insalubres. El objetivo de los periodistas es comprobar la situación, hablar con los vecinos y con los presuntos ocupas. Pretenden escucharlos a todos y decidir si verdaderamente hay un problema que se pueda solventar. Mientras realizan su trabajo aparece un coche oficial del Ayuntamiento de Valencia. El vehículo se acerca a ellos mientras desciende la luna tintada de los asientos traseros. Un concejal se dirige al equipo de televisión para preguntar quiénes son, qué hacen allí y quién les envía. A continuación les invita a abandonar el lugar. Los periodistas se irán, pero antes deciden completar su trabajo: graban todo el material, vuelven a la tele y editan la noticia. La sorpresa es que el concejal también ha decidido completar el suyo. Ha llamado a Canal 9 para censurar el reportaje.
¿Resultado? Los que tienen capacidad de decidir qué se emite y que no, ya han decidido. Los periodistas protestan, piden que se revise su labor, argumentan que han hablado con todas las partes implicadas y que es una historia que merece ser conocida. Pero nada. El reportaje nunca se emitirá.
A menudo se denuncia la manipulación y la falta de pluralismo en Canal 9. Se dice que los que mandan son afines al PP. Pero la cosa va mucho más allá. Los políticos valencianos controlan directamente la tele y la radio. Los contenidos y los gastos. Dice Rita Barberá que con el dinero que paga Canal 9 por los derechos de la Fórmula 1 se podría pagar el canon del GP de Valencia. No le falta razón. Habla Rita como si Canal 9 nada tuviera que ver con ella, como si Canal 9 fuera algo independiente que se ha ido de las manos. Pero no es así. Siempre ha estado perfectamente controlado. Los políticos son responsables directos de todo lo que ha pasado y está pasando. Que se pregunte la señora Barberá quién decidió comprar los derechos de emisión de la Fórmula 1. Ningún profesional de la televisión en su sano juicio lo hubiera hecho.
Incluso el episodio más vergonzoso de la historia de Canal 9 es un asunto político. El famoso Vicente Sanz, acusado de abuso sexual, es un político profesional. Era presidente provincial del PP en Valencia, lo mismo que ahora es Alfonso Rus, hasta que se vio implicado en un escándalo y decidieron esconderlo en Canal 9. Un político profesional, con carné del PP y fuertes vínculos con la cúpula del partido, que nada tenía que ver con la televisión. Pero llegó a ser Secretario General de RTVV, el cargo más importante después del director general. Y desde su despacho de político cometió él sabrá que tropelías. Y fueron políticos los que ocultaron el caso, hasta que las víctimas decidieron denunciar. Y entonces fueron políticos los que decidieron no abrir expediente laboral a Vicente Sanz.
Desde hace muchos años Canal 9 es el patio de recreo de los políticos valencianos. ¿Qué han hecho los trabajadores mientras tanto? Pues algunos están de acuerdo con ese sistema de trabajo. Les gusta. Finamente podríamos decir que comparten la línea editorial. ¿Y el resto? Muchos otros, nada. Ni siquiera trabajar. Sobre todo esos que fueron contratados sin tener formación, experiencia, ni ganas.
¿Entonces nadie dice nada? Algunos. Son los que tragan saliva, los que se niegan a hacer determinadas cosas, los que no pueden dormir, los que tienen dolor de estómago, los que lloran cuando nadie les ve.
El gran truco final es el ERE. Los mismos políticos que decidieron comprar los derechos de la Fórmula 1, organizaron la ruinosa visita del Papa, los que pagaron cantidades astronómicas por programas que nadie veía, los que introdujeron la trama Gürtel, los que contrataron de forma masiva a sus amigos, los que impiden que se utilice nuestra lengua, los que ocultaron el caso Sanz… Esos mismos políticos han decidido sanear la tele. Lo peor de todo es que los políticos lo han hecho tan bien, que gran parte de la sociedad aplaude su valentía a la hora de afrontar el problema Canal 9. El truco es tan bueno, que quedarán como los héroes.
Pero todo truco tiene trampa. Canal 9 podría haber sido un dinamizador cultural, una fuente de empleo y riqueza, una tele de la que sentirse orgulloso. Si se ha convertido en el monstruo que conocemos hoy, es gracias a los políticos que nos mandan. Que no se le olvide a nadie.
Por cierto, aquel concejal valenciano que censuraba con alegría, hoy es Presidente del Consejo de Administración de RadioTelevisión Valenciana.
























