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el final del verano o la caja de los recuerdos

lunes, 29 de agosto de 2011






Agosto se acaba y con el se cierra la caja de los recuerdos de este verano. Una caja repleta en el que sin buscar mucho aparecen los épicos acordes que Arcade Fire vertieron en las faldas del Desert de les Palmes; aparecen peregrinos subvencionados recibiendo hostias; aparecen manifestaciones laicas recibiendo otro tipo de hostias; aparecen las notas de BB King que pasaron desapercibidas por la provincia; en un rincón de la caja tenemos los saltos y el descontrol que nos trajo la Pegatina y Scissor Sisters; tambien aparece ocupando mucho espacio Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz, hablándonos de cómo occidente lucha de boquilla contra los dictadores mientras ha permitido que su dinero viva y se invierta en nuestros países, de cómo una revolución liberadora convirtió a Irán en una dictadura islámica, de cómo pasó de ser jueza a administrativa de su propio juzgado, abriéndonos los ojos a un mundo repleto de desigualdades e injusticias, donde una mujer vale exactamente la mitad que un hombre; en la caja de los recuerdos también está la familia de Bob Marley reviviendo al hombre y al mito; está Leo Bassi explicándonos como 3 dioses precristianos (Eolo, Zeus y Apolo) se unieron para impedir la homilia del Papa sobre la reevangelización de Europa con vientos huracanados y truenos sin fin, en lo que ya se conoce como el "milagro de Cuatro Vientos"...

Hay cientos de momentos vividos, de músicas, de puestas de sol, de nuevos amigos, de viejos conocidos, de reflexiones, de protestas... todo quedará en nuestra cajita de los recuerdos que nos toca cerrar para afrontar el nuevo curso con energía y sin nostalgia. Manifestaciones internacionales el 15 de octubre, elecciones el 22 de noviembre, el juicio contra Camps, el intento del nuevo president de arreglar canal 9... y más música, arte, cine, arquitectura, grafiti...

Este blog quiere hacerse más y más grande, ampliamos el número de colaboradores y temas: hablaremos de vinos y cervezas de la tierra, de negocios de autor, de excursiones... Queremos hablar de todo lo que merezca ser hecho/conocido en Castellón, pero ni llegamos ni podemos. Aunque la voluntad es infinita el tiempo no lo es... esperamos que haya alguien al otro lado para leerlas.

rototown

jueves, 25 de agosto de 2011





Si hace poco apreció en el mapa un nuevo país, Burrania, ahora ha nacido un nuevo pueblecito: Rototown.

Rototown tiene playa pero no es un pueblo pesquero; en su playa de cantos rodados los habitantes descansan sus cuerpos bajo el sol o bailan bajo el agua de una manguera en una especie de fiesta hedonista en honor a ellos mismos. Las sombras están muy cotizadas pero al sol las cervezas y los mojitos llegan a tus manos como si nada. La playa de Rototown te enseña como era la vida antes del pecado original, pero sin el coñazo de ver solo la cara de Adán o Eva.

El centro del pueblo está en el interior, a los pies del Desierto de las Palmas. El letargo que impone el calor se combate con la actividad que aparece en las sombras. En este pueblo sabían que el sol aprieta y han procurado decenas de carpas de descanso y zonas verdes que cuidan como a un bebé de cuna. Durante el día se respira un aire sosegado de masajes, meditaciones y charlas. Hay una plaza del pueblo donde los habitantes escuchan a gente que sabe mucho y aceptan o rebaten sus opiniones. Me encantaría haber nacido en un pueblo donde sus gobernantes se preocupan de que sus habitantes estén educados, informados e interesados por el mundo que le rodea; justo al contrario que en mi ciudad donde los gobernantes quieren que vivamos siempre sin saber lo que ocurre y lo más grave, sin que nos interese saberlo.

Cuando el sol se esconde tras las montañas, ríos de personas que suben de la playa inundan las calles con sus caras felices dispuestos a coger energías para una larga noche. Allí no hay una comida típica sino que cocinan lo mejor de cada lugar: costillares a la brasas, sidra bien escanciada, shushi, pizzas (de escándalo), crepes, kebabs, cous-cous, thay food, ostras y ribeiro, comida africana y jamaicana… los nacionalismos se quedan fuera del pueblo, saben que lo mejor es la mezcla porque si cada uno aporta lo mejor de si mismo es imposible que el resultado sea malo.

Y aunque de día haya vida, como todo pueblo en fiestas, es la noche la que reina cubriendo cada rincón de música reggae. La ignorancia es el mejor motivo para querer aprender algo, no puede ser una razón para rechazarlo. Con el estómago lleno y un buen mojito cubano en la mano puedes dejarte arrastrar por los sonidos de Jimmy Cliff o Gentleman, para reconocer a músicos enormes que hacen vibrar a todo Rototown. Directos arrolladores llenos de energía contagiosa con ritmos que se meten dentro y no te abandonan aunque hayan cesado. La música reggae esconde talentos gigantes, Rototown nos los muestra.

Pero como todo paraíso, como toda utopía, a penas la tocamos se desvanece. Rototown está a punto de cerrar sus puertas, sus conciertos, su playa, sus charlas… a penas quedan 3 días. Por suerte para ser de Rototown no hace falta haber nacido allí, basta con ir: no piden carnets, ni afiliaciones, ni gustos musicales, ni edades concretas, ni colores de piel, ni longitudes de pelo, ni número de rastas… eso sí, se exige respeto para con el otro. Con eso puedes llegar a todas partes; ojalá eso pasara así también fuera de Rototown.

música y compromiso

miércoles, 10 de agosto de 2011



Vivir el Rototom como un simple festival de música es ser muy reduccionista. El Rototom es la punta de lanza de toda una corriente cultural que nos es ajena, es el embajador del reggae y del mundo rastafari en la vieja Europa. Nos abre las puertas a un minimundo de paz y solidaridad, un minimundo que demuestra lo que sería nuestro gran mundo si adoptáramos una pequeña parte de lo que esta cultura nos ofrece. La gente que acude al Rototom pone el acento en lo realmente importante de la vida: el respeto a la naturaleza, al otro, a uno mismo… ideas básicas que son imprescindibles en un mundo tan complejo.

Para desarrollarlas, el Rototom nos propone una concentración tan elevada de charlas, debates, mesas redondas y conferencias que solo por ellas mismas ya merecería la pena asistir al festival. Los temas y los ponentes que nos ofrece lo convierten en la cita intelectual más importante de Castellón en todo el año.

Expropiaciones a bancos, la lucha de los Saharauis, los retos de la Escola Valenciana, las violaciones de derechos humanos de los LGTB, el arte como motor de cambio, territorios ocupados, la ola árabe, el futuro del 15M, los cambios en Italia, el compromiso del teatro contra el poder, energía nuclear y Fukushima, el resurgimiento de la extrema derecha en Europa, la España racista, el caso del Cabanyal, el SIDA, el hambre, el uso del cannabis, las flotillas de la libertad, el papel de la mujer en la inmigración, la prostitución… la oferta es tan increíblemente variada y concienzuda que lleva a preguntarnos que haremos en Castellón el resto del año. Tocan todos los temas, sin discriminar si son mundiales o locales, que merecen ser tocados, debatidos, asumidos y reflexionados.

Nos interesan especialmente los debates sobre el estado actual de la prensa y la función de los medios de comunicación en la sociedad. Periodistas y comunicadores de primer nivel se cuestionarán sobre el paso de CNN+ a GH24, el caso Couso y Wikileaks, el poder manipulador del fútbol, nuevas formas de hacer periodismo, el sexismo en los medios…

Pasarán por las carpas del festival Shirin Ebadi (primera mujer musulmana en recibir el Premio Nóbel de la Paz), Vandana Shiva (ambientalista, filósofa y física nuclear), Bernard Cassen (presidente de ATTAC, fundador del Foro Social Mundial, padre del movimiento altermundista), Rosa Mª Calaf (corresponsal de TVE y auténtica institución del periodismo español), Leo Bassi (actor, autor e irreverente payaso), Willy Toledo (actor, fundador de la compañía Animalario y activista), Carlos Carnicero (periodista y cometarista político)… Todos los temas, ponentes y horarios podéis encontrarlos aquí.

Sí, lo sabemos, en las tardes de agosto, mientras miles de personas bailan y disfrutan de las playas de Benicàssim a ritmo de reggae, es muy duro escuchar a David Couso hablar de la muerte de su hermano en un hotel en Bagdad mientras trabajaba para informarnos. Pero son 10 días de propuestas, debates y música, hay tiempo para todo; si no nos comprometemos con el mundo y el momento que nos ha tocado vivir, es posible que algún día alguien nos prohiba bailar.

sin saber de reggae

miércoles, 3 de agosto de 2011



Escribir estas líneas me crean mala conciencia, así que he de comenzar por una confesión: no se nada de reggae. Aún así el año pasado, al recibir al Rototom Sunsplash en nuestras playas y pasar un par de noches en el recinto, pude comprobar que todos los festivales no son iguales. La forma con la que los organizadores afrontan el evento y con la que los participantes encaran la vida marca grandes diferencias: espacios de relax y descanso para todos, convivencia de niños y ancianos con los jóvenes, un respeto muy serio al medio ambiente… el consumo queda supeditado al buen ambiente, la concordia, la solidaridad y el compromiso.

En medio de escenarios de reggae, ska, dub... la mente se te llena de impulsos y sensaciones propias de espacios de reflexión. Un ejemplo: en medio de un concierto me estaba bebiendo una cerveza al ritmo pausado y constante que me proponía el grupo, rodeado de cientos de personas que sin saberlo me estaban enseñando a bailar reggae. Al terminarme la cerveza mi primer impulso fue tirar el vaso al suelo, como he hecho tantas veces en otros festivales. Sin embargo, a mi alrededor, en medio de tanta gente en trance con la música que escuchaban, no había ni un vaso, ni papel, ni residuo… el espacio del concierto estaba impoluto por la conciencia de toda aquella gente que me rodeaba, conciencia que se me impuso no como algo deseable sino como algo imprescindible. Si comprendes que no puedes tirar un plástico al suelo, lo comprendes para siempre, estés en un monte o en un concierto.

Los debates sobre lo que veíamos y oíamos, sobre lo que sentíamos, se reprodujeron toda la noche. Éramos como unos turistas adentrándonos en un mundo fascinante que desconocíamos y donde todo el mundo nos recibía con una sonrisa en los labios. Sentir que no te tratan como un cliente o consumidor es desconcertante. La experiencia de aprender cosas nuevas, algo que a veces olvidamos, es arrebatadora y energética, te limpia por dentro, te devuelve la mirada de niño que hace años tuvimos.

Este año vamos a más, a más días, a más grupos, a más oferta… el festival crece y crece de manera sostenible: energías renovables, gestión autónoma de residuos, reducción de emisiones de C02, consumo de productos e infraestructuras locales (km. 0, productos que hacen el mínimo de kilómetros posibles desde su origen al consumidor final)… Alguien puede pensar que eso no importa en un festival, que lo que importa es que los grupos le gusten y poco más. La calidad de los grupos está fuera de toda duda, pero el ambiente que se respira al entrar es la suma de todos los objetivos e ideas que se defienden desde el Rototom Sunsplash. No sería posible sentir todo lo que sentí al entrar, si no se transmitiera que lo que importa en este festival es que te sientas a gusto contigo, con el resto y con el entorno.

Puede que no lo entendáis, y hay dos motivos: el primero es que el que escribe es muy limitado; el segundo es que aún no habéis cruzado las puertas de un festival que (rezamos) ha llegado para quedarse. Y todo esto sin saber nada de reggae.